El sistema fiscal estadounidense se caracteriza por su claridad, previsibilidad y reglas bien definidas. Las empresas deben cumplir obligaciones a nivel federal, estatal y, en algunos casos, local. Entre los principales impuestos se encuentran el impuesto a las ganancias, impuestos sobre ventas, nómina y contribuciones laborales.
Uno de los errores más frecuentes de empresarios extranjeros es subestimar la importancia de una correcta planificación fiscal desde el inicio. La estructura legal elegida, el estado de registro y la forma de operar influyen directamente en la carga impositiva. Además, Estados Unidos mantiene tratados para evitar la doble imposición con varios países, lo que puede representar una ventaja significativa.
Contar con asesoramiento profesional permite optimizar impuestos dentro del marco legal, evitar sanciones y mantener la empresa en regla. La Cámara acompaña a sus miembros en la comprensión del sistema fiscal y en la toma de decisiones informadas para operar con tranquilidad y seguridad.





